El corazón se desgajó de una sacudida, cuando inmerso en su frenética carrera se estrelló contra la realidad mezquina. Las palabras sin ser rencillosas, me hirieron igual que la fina hoja de metal atraviesa sin miramientos la tibia carne del desasosiego. El color se esfumó de la mirada acarreando tras sí los mustios grises del desterrado y marchito sentimiento. Nada es, todo sería, nada será, sólo permanece la inquietud de domar el impulso avasallador de querer estrechar ese ardiente cuerpo. El viento embustero, me negó su brisa refrescante, aunque en mis flancos acariciaba los pasos ajenos. Fui como una polilla que danza con ritual donaire hacía la flama incandescente.
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