sábado, 17 de diciembre de 2022

OJOS COLOR MIEL - Pablo Arestizábal

La tarde grisácea, obligaba a los viejos transeúntes a entrar en los cafés que abarrotaban la calzada del boulevard de Ferrí, una avenida cercada por abedules y encinos. El otoño en La Serné, trae a cuestas la nostalgia, el frío y uno que otro amorcillo furtivo que se escondía debajo de los arces que oscurecían el ala norte de la plaza de Bordón. Por el boulevard de Ferrí, cada tarde cerca de las seis, cuando el sol en otoño ya ha abandonado su trabajo para marcharse a dormir, camina imponente Ellia, mostrando un donaire que muchas muchachas de rancio abolengo quisieran tener. Sus ojos color miel destilan caricias inconfundibles, que se entretejían como si fueran arroyos que a raudales vierten su inmejorable vigor y alegría. Todos opinaban que ni siquiera los ojos celestes de Celtina, la hija del barón de Morcé podían competir con los de ella. Lo cierto es que Ellia tenía algo más que mostrar que sus chispeantes ojos color miel. Aunque jamás se hubiera propuesto acaparar la atención de nadie, todos los hombres que se apostaban en los cafés, lo hacían sólo para verla pasar. Los más felices eran los dueños de los cafés, ya que esto había incrementado en forma extraordinaria las ventas del brebaje. Ellia trabajaba en una tienda de pinturas de artistas famosos, y algunos de los que se vendían los había pintado ella. Todos los que se acercaban a adquirir las telas, se quedaban mucho rato prendidos de la belleza de la mujer, aunque siempre se deslumbraban por sus ojos, aquellos que hablaban a la vez que sus labios se movían. La tarde que hoy describo, era la tarde en que el gris se torno negro, en donde las miradas de los hombres que llenaban los cafés dejaron de mirar con la esperanza en que lo hacían, esta tarde eran avanzadas las seis y media y Ellia, no había pasado, ella no caminó por esas calles que se hacían a un lado para verla pasar, aun las vitrinas envidiosas que otrora se resistían a reflejar su silueta, esta vez ansiaban que ella pudiera siquiera mirarlas, la verdad es que Ellia ya no vendría más, y no porque se hubiera muerto o porque se hubiera cambiado de casa o de barrio, sino porque ella se había enamorado y ahora sus ojos le pertenecían a un solo hombre, ahora ya no servía ir al café a degustar esa amarga bebida coronada de espuma mientras ella se acercaba por la esquina, ahora todos los hombres ya no tenían nada que mirar. Algunos no lo quisieron creer y esperaron impacientes hasta las siete de la tarde, pero no la vieron pasar. Algunas mujeres que escucharon el rumor, se acercaron también a los cafés o a las boutiques para mirar al rabillo si la citada mujer con sus deslumbrantes ojos pasaba otra vez. Pero no la vieron  pasar. Pintores, escultores, músicos, artistas, periodistas, marinos y aun los encargados de altos cargos públicos, se juntaron en el bar de Cloes para llorar su pena, estaban entristecidos por la pérdida que el boulevard de Ferrí  había sufrido. En forma unánime decidieron ir a buscarla y separarla de aquel que les había quitado lo más preciado que poseía la Serné, no estaban dispuestos a dejar que la vida los dejara completamente desprovistos de esos ojos que destilaban su miel cristalina, diáfana. Uno de los reunidos, el barón, preguntó ¿Dónde la podrían hallar si nadie la había visto pasar?, el pintor de largos cabellos rubicundos interrogó a la masa humana ¿y quien de nosotros si la haya le dirá que anhelamos verla otra vez?, y uno de los más jóvenes intervino haciendo silenciar a los que allí estaban. ¿Y si ella se hubiera enamorado poniendo su vista sólo para aquel que los merece, qué haríamos entonces?

La reflexión de aquel joven caló en lo más profundo de los presentes, que sujetos a la verdad que encerraba esa declaración, decidieron no insistir en hallarla.

Ellia, cada tarde pasaba cerca de las seis por el boulevard de Ferrí, para llegar hasta la tienda de pinturas. Los cafés estaban con poca gente, las vitrinas reflejaban su imagen, las calles estaban quietas, ahora parecía todo normal, junto a ella, caminaba un joven de cabellos azabaches que amaba la pintura y que era el centro de toda su atención, sólo que nadie se daba cuenta. De echo ella siguió pasando por el lugar, pero nadie lo notó.

Pasaron los años, tal vez las décadas, el boulevard de Ferrí había cambiado mucho,  aun quedaban algunos cafés que otrora eran el centro de negocios y de pláticas de tardes. El Mall ubicado a un costado del boulevard había acaparado toda la atención en la Serné.


Hasta
que cierto día, una mozuela de cabellos azabaches que amaba la pintura comenzó a aparecer por el boulevard con destino al Mall, otra vez los varones comenzaron a mirar con alegría, esos ojos color miel intensos, tan intensos como antes, claro que estas eran otras generaciones, tal vez los hijos de aquellos que vieron pasar a Ellia, ahora veían pasar a Ennia, la hija de ojos color miel de Ellia. Otra generación volcada a las vitrinas y al tiempo, los locales de revistas, peluquerías y electrodomésticos, dieron paso a los nuevos salones de café que comenzaron a aparecer en el boulevard y que se vieron llenos por todos los que iban allí a ver pasar a la mujer que tenía los ojos color miel, acaramelados y cristalinos. En sus miradas no había morbosidad, ni lujuria, solo embeleso y admiración por quien con su magia iluminaba el boulevard, aunque ahora todos se preguntaban ¿Quién será el afortunado que se robará esos ojos color miel?


Sentada en un escaño de la plazoleta cercana al boulevard de Ferrí, estaba una mujer anciana junto a su cano esposo, sus ojos brillaban débilmente con una luz ámbar, casi extinta, casi miel. Los años la habían alcanzado, estaban contentos, eran felices, desde que se habían conocido, sus miradas habían sido la del uno para el otro. A nadie le importaba, solo a ellos. Aunque esa mirada estaba casi extinta, seguía brillando para aquel que un día tuvo sus cabellos negros como el azabache. Para él esos ojos todavía destilaban miel a raudales, aunque sabía que su magia no sería eterna.

 
FIN 

viernes, 16 de diciembre de 2022

¿Qué es el amor? - Pablo Arestizábal

¿acaso es una prensa que te atrapa y no te suelta apretando lentamente tu corazón?, ¿acaso es una brújula cuya aguja se ha estropeado y que en su desperfecto te lleva a lugares insospechados?, ¿acaso es un reloj que recorre tu vida marcando los minutos de la ausencia y de la partida?. Es un momento en el firmamento en que deseamos tocar las estrellas. Es cuando la vida misma brota a tu alrededor sin siquiera estar verdeando. Es el sentimiento profundo que acomete en tus entrañas como una dulce punzada, como un torrente de aguas en un campo desolado, como una imagen serena de la sonrisa perfecta, del beso espumante, del cuerpo del deseo. 

La belleza se personifica con un nombre, el abrazo toma forma se un cuerpo desnudo, la sed se sacia por ese instinto arrebatador del momento extremo. Una mujer cuyo nombre se vuelve innombrable, cuya silueta serpenteante arroba mis sentidos. El amor es ese gusto por la vida con un apelativo femenino, es ese sabor a dulce néctar cuando lo pronuncias en voz alta, es ese salto al vacío pensando en caer en unos brazos abiertos. Es tomar el tren en una estación lejana sabiendo que te acerca a tus sueños. El amor es más que una palabra romántica, es más que un sentimiento sincero, es más que un abrazo desnudo, es la sensación extrema en que nos fundimos en un solo cuerpo. La mente fabricando sueños que constituyen promesas señeras, para llevar a cabo el acto de poseer un momento eterno.

(Imagen tomada de Christian Holzinger)

El Ocaso del pasado - - Pablo Arestizábal

Inscrito el año 2010, el libro El ocaso del pasado ha viajado a través del tiempo deleitando a sus lectores a través de los años. Es un libro que tiene la simpleza de una historia fácil de leer pero con una trama que envuelve al lector en sus páginas.
Escribo aquí el prólogo que me hiciera una joven escritora de La Serena, Paz Carvajal López, Ganadora del primer lugar Fondo Editorial Gabriela Mistral Ilustre Municipalidad de La Serena (2006)

-"Hablamos del misterio de la luz y de la oscuridad, el misterio de aparecer y desaparecer tragados por un inmenso bostezo del sol cuando al tiempo le hacen falta pausas. El tiempo y sus esquinas, la pérdida de memoria o una hiper conciencia de los acontecimientos, van marcando a gotas o a golpes la existencia. Tener todo, y tener nada 1 minuto después. Los que olvidamos y los que no. Le sucedió a Imagio, el hombre más afortunado del mundo que una noche de verano caminando por Marianas, aquella ciudad que conocía como la palma de su mano, lo perdió todo, el universo entero contenido en el cuerpo de aquella mujer a la cual amaba con sagrado frenesí, Marla…Su amada Marla.

Las anclas se bajaron en ese mismo instante, y toda la realidad paso a ser un mero trámite de estar. El dolor se hace patente en la pesadilla del despojo, cuando alguien tira mal los dados...

Nostalgias desgarradoras con fotos semi vivas sobre el velador de Imagio, coleccionando el polvo en gratitud, fue un paisaje desolador de si mismo, hasta que aparece Eloísa, maravillosa, iluminando cada espacio y devolviéndole el sentido a los días, junto con sus pequeños hijos, Almendra y Elois, que pintan colores en la puerta de los calendarios.


El Ocaso del Pasado, de Pablo Arestizábal, es un texto repleto de matices, encuentros y desencuentros que logra retratar fielmente las facciones más sensibles, frágiles y delgadas - temibles - del propio ser. Es cuando el Amor, la muerte, el dolor, la injusticia, la soledad, la esperanza y el porvenir confluyen latiendo en una historia tremenda que desde la tinta – alma del autor - logra emocionar, hasta el hueso más pequeño del alma, a quien se sienta vivo frente a esta vida hecha de papel".

Un recuerdo que vale la pena destacar. 

Prólogo de libreta de poemas "Poemario de agraz y ajenjo" Una libreta de Agustín García

 No hay nada más hermoso que describir la vida con todos sus dolores, aciertos y emociones y plasmarlos en un verso o en alguna prosa. Hilar...